1 de agosto de 2008

El día 11, Bolivia tendrá los mismos problemas que el 9”

EN ENTREVISTA*, Manuel Alcántara Saez, catedrático de la Universidad de Salamanca, España, expresa sus dudas sobre el referéndum revocatorio del 10 de agosto

Por William Kushner Dávalos, desde Madrid

Manuel Alcántara Saez es director del Instituto Interuniversitario de Estudios de Iberoamérica y Portugal; y catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad de Salamanca, España. En entrevista con La Razón observa la fórmula del revocatorio, dice que los resultados no serán trascendentales y que el remedio resultará peor que la enfermedad.

¿Qué problemas de legitimidad nos depara el resultado ganador-perdedor?
Yo no lo pondría en esa lógica ganador-perdedor, aunque evidentemente en un proceso de esta naturaleza los habrá. No lo contemplaría bajo ese prisma porque el propio mecanismo del que nosotros los politólogos sabemos poco, ya que lo único que tenemos en términos de política comparada son: el caso del Recall circunscrito a situaciones muy distintas y sobre gobiernos locales y el plebiscito de Hugo Chávez en Venezuela. Estamos en una situación de pura especulación en la que el escenario se complica por ser multipolar, no hablamos sólo de la revocatoria del Presidente sino además de la aprobación o no de distintos prefectos del país. Los resultados pueden ser muy variados, los porcentajes y el número de votos son también distintos. Hay que trascender, si se me permite la palabra, a lo anecdótico del resultado. Lo que menos importa es el resultado, importa la concatenación de los procesos que Bolivia viene viviendo desde hace cuatro años. No me gusta hacer cábalas, prefiero esperar al día 11 para discutir con los datos, pero creo que el día 11 el país seguirá teniendo los mismos problemas que el día 9.

No sólo se pelean porcentajes ya que detrás de éstos hay número de votos, ¿qué pasaría si Evo gana en porcentaje, pero pierde en número de votos?

Sería un resultado positivo-negativo. En este caso en concreto, un determinado actor, sea el Presidente o los prefectos, puede estar interesado en frenar la participación electoral, y esto se convierte en una variable explicativa fundamental. Hay que saber en qué medida la gente en Bolivia está interesada y entiende cual es el proceso y el alcance de su voto. Hasta ahora, todos sabemos que votamos para elegir a una persona y ese es el sentido clásico del comportamiento electoral. Ahora se tiene que votar también en clave negativa lo cual introduce unos mecanismos que en términos de sicología política genera mucha confusión y la gente no está habituada. La participación electoral será profundamente determinante.

Y entonces, en términos de gobernabilidad, ¿a quién beneficiarían si los resultados son susceptibles de ser utilizados por ambos lados?

Siempre, es que además todo plebiscito es posible de utilizarse de manera variopinta. Todavía más este complejo plebiscito de naturaleza positiva-negativa. Los que defienden enormemente la democracia directa señalan que es una manera en la que se decide nítidamente la voluntad del pueblo que ciertamente es una opinión muy reduccionista. En una decisión de este tipo, los motivos de la gente son múltiples y todos se suman en una determinada dirección, pero a veces estos motivos son tremendamente contrapuestos. Uno puede estar de acuerdo con el Presidente, pero no con el Vicepresidente, o viceversa, entonces la pregunta es: ¿qué va a pesar más a la hora de votar? Hay muchísimos motivos que confluyen en un sí o en un no, lo que hace que esta opción sea extremadamente simplista.

¿A esto favorecen las preguntas?

En las preguntas hay un juego. Mientras que la pregunta para el revocatorio del Presidente y del Vicepresidente habla de un proyecto, en el caso de los prefectos es mucho más directo. Creo que no es un juego inocente.
¿La abstención será la protagonista?

Indudablemente. La tasa de abstención es el valor añadido al incorporar el criterio del porcentaje con el criterio del voto. Evidentemente, cada uno tendría que lograr una participación suficientemente alta para que ello valide un porcentaje negativo al otro. Dependerá de la movilización que se tenga sobre los bolivianos.

¿Qué pasaría con el Prefecto de Cochabamba, en el entendido de que éste no validó el revocatorio?

Habrá la posibilidad de referéndum, pero constitucionalmente hablando el Prefecto no ha sido elegido con la cláusula de “revocatoria de mandato” vigente. Así como revocatorio no está en la Constitución vigente. Luego, constitucionalmente éste puede no reconocer el revocatorio y así nadie le podría obligar a dimitir. Han sido elegidos por voto según unas determinadas reglas. Si una ley cambia las reglas de juego, un cargo elegido la puede no aceptar. Es un problema con respuesta constitucional.

Por lo visto este referéndum contribuiría para pronunciar la crisis de institucionalidad

Por supuesto, sin duda alguna. El revocatorio es introducir cláusulas de una supuesta democracia directa en los engranajes de la democracia representativa. No es coherente con la lógica del procedimiento de la democracia representativa. Suena muy bonito el introducir la posibilidad de revocar a las autoridades que se han elegido cada cierto tiempo, pero oculta una grave perversión: la idea de que la soberanía popular se está ejerciendo de manera continua, y entonces, por reducir al absurdo, si acepto esa idea por qué no revocar pasado mañana lo que decido mañana. Entraríamos a una lógica sin fin y que llevaría al absurdo.

¿Encuentra algún símil o diferencia con el referéndum llevado a cabo en Venezuela?

La principal diferencia es estrictamente en términos constitucionales. En el caso venezolano, la revocatoria estaba en la Constitución. En Bolivia, la Ley del Revocatorio es una ley que se hace después y de una manera anómala sobre unos cargos elegidos y con otras reglas de juego. Además, la Constitución venezolana explica cuándo y cómo se puede realizar un revocatorio. La Ley boliviana es un poco visceral y muy improvisada, y aún presumiendo su buena fe para teóricamente superar un conflicto de legitimidades, creo que es peor la medicina que la enfermedad.

¿Alguna lección que aprender?
Pensar que la democracia prístina, pura y virginal es la democracia en la que el pueblo tiene una capacidad de mostrarse soberano constantemente legitimando determinadas decisiones creo que es una visión bien defendida en la teoría política, pero muy ingenua: Ignora que en sociedades complejas y grandes —más de medio millón de personas— las decisiones son muy difíciles que se tomen sobre blanco o negro, hay que matizar y mucho. Para eso están los mecanismos de intermediación, los representantes y distintas formas que articulan el pluralismo de una sociedad. Todo lo que sea abundar en esa idea es confundir a la gente.

*Esta entrevista es reproducida con autorización expresa del autor

1 comentario:

adriane dijo...

William,

Tenho lido seus textos. Polêmicos como você! Parabéns! Sucesso!
Um abraço.

Drika