Y es que el negocio de los energéticos en esa región del continente americano tiene dos frentes poderosos, donde los intereses políticos son tan importantes (o más) que los intereses económicos. Un frente está representado por los países asociados en torno al negocio del petróleo y el gas natural (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Uruguay y Venezuela). El otro, aun emergente, se muestra como la alternativa energética y ya tiene muchos detractores; me refiero a los biocombustibles y el principal referente es Brasil.
En ese primer frente -como es evidente para todos- se hace más visible el gobierno de Venezuela, quien financiado por el elevado precio del petróleo y afianzado en su legitimidad política local, lleva ya iniciada desde hace algún tiempo una agresiva estrategia política para lograr sitios de privilegio en la región. Bien sea como socio estratégico, comprando títulos públicos en otros países, donando recursos, brindando ayuda en materia social o llevando a límites inéditos el discurso anti Estados Unidos, Chávez no solo está haciendo buenos negocios, sino que también está diversificando los escenarios en los que su presencia en América Latina se ha tornado relevante.



