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9 de junio de 2008

Brasil Investment grade

por Charo García de los Ríos
Brasil ha conseguido en abril de 2008 el codiciado “investment grade” o nivel de inversión otorgado por la agencia Standard & Poor`s. Este nivel de inversión es una nota favorable en relación al riesgo país. Su obtención e sun resultado y refleja la significativa mejora en las cuentas externas del país, reforzada por una política macroeconómica prudente, reformas en la carga tributaria y el aumento del ahorro doméstico. Es decir, esta nota de grado de inversión indica a los grandes inversores internacionales que Brasil es un buen pagador de sus deudas, que tiene capacidad y voluntad para hacerlo, que su economía evoluciona de forma consistente y que su desarrollo es una prioridad constante del gobierno brasileño.



Fuente: Copyright © 2007 - 2008 Grupo Estado.

Desafortunadamente no existe una agencia de prestigio internacional capaz de evaluar y medir el rieso país en el área de la educación. Sin embargo, sí existen patrones internacionales[1] como el facilitado por la OCDE, y también nacionales como el Examen Nacional de Enseñanza Media, ENEM[2], que se realiza en Brasil anualmente. En ambos indicadores los resultados no han sido tan satisfactorios para Brasil como en el área económica.

La prueba ENEM evalúa conocimientos en cultura general y en redacción. Los resultados correspondientes al año 2007, que fueron los mejores resultados de los últimos cinco años, reflejaron media de 51,52 sobre cien puntos posibles. Un resultado considerablemente mejor que el obtenido en el 2006, donde la media alcanzó apenas el 36,90%. Pero, como apuntaba el ministro de Educación brasileño, los resultados del ENEM no debe utilizarse como comparativa entre diferentes periodos, ya que las pruebas varian considerablemente. No se trata de una prueba para evaluar el sistema educativo, sino para evaluar a los alumnos. Los estudiantes son entonces el mejor indicador de la educación que reciben. Los resultados de 2007 consolidan una tendencia de diferenciación entre la red pública y la privada. En el año 2007, los alumnos de la red de escuelas privadas alcanzaron una media del 68,04 frente al 49,20% de los alumnos de las escuelas públicas. La peor escuela privada superó al 75% de las ecuelas públicas. La mejor escuela pública, a su vez, aparece en la posición número 336. Los alumnos de la red pública de enseñanza son estudiantes que acaban los estudios de secundaria sabiendo leer y escribir, pero incapaces de entender aqueello que leen, de sustentar una opinión propia sobre aquello que han leido, mucho menos de crear conexiones entre dos materias diferentes. Son estudiantes que acaban la enseñanza obligatoria careciendo de herramientas para entender lo que ocurre en el mundo y a su alrededor.

De la misma forma que es criticada la enseñanza publica obligaoria, es alabada y reconocida la red de universidades públicas. La calidad de las investigaciones realizadas en los campus y el grado de preparación de los sus graduados origina reconocimiento internacional para la universaidad pública, apenas criticada por el sistema de cuotas para minorías. Esta discusión en torno al sistema de acceso, minimiza el problema de fondo, que radica en que el acceso a la universidad es casi imposible para aquellos que provienen del sistema educactivo público por su mala preparación. La solución no pasa por facilitar el acceso a la universidad a preuniversitarios mal preparados sino por prepararlos para que sean capaces de pasar las pruebas de acceso.

La evaluación internacional PISA, que es uno de los indicadores más reconocidos en el mundo en medición de calidad educativa, colocó a Brasil en los últimos lugares. Los problemas se potencian por políticas laborales que no contemplan el hecho de que estudiantes sufren carencias de formación muy profundas. El desarrollo educativo requiere, además de que la recuperación económica gane sustentabilidad, calidad educativa y políticas laborales que garanticen que todos los jóvenes terminen la secundaria con buenos estándares de calidad

Parece obvio señalar que la educación constituye un elemento esencial en la cualificación productiva y en la prosperidad económica de un país. Es la principal palanca para la inserción en el mercado de trabajo, lo que la convierte en un factor clave en el reparto social de la renta nacional. Brasil, de forma consesuente a la obtención del grado de inversión de S&P, se aproxima a un periodo de bonanza económica, esto significa un aumento en la generación de empleos. Sin embargo estas oportunidades laborales serán aprovechadas mayoritariamente por personas con mayor nivel de educación. La población en edad de trabajar que no cumple con estos requisitos no puede aprovechar estos beneficios del crecimiento, manteniendose para ellos el problema de inserción laboral, aun en un contextos económico y laboral muy favorables. Así, con estos resultado en el desempeño de la tarea educativa, Brasil no puede ser calificado como un buen educador, pues carece de capacidad y de voluntad para educar. Además el sistema educativo brasileño no evoluciona, menos aún de forma consistente de forma consistente y su el desarrollo no parece ser una prioridad constante del gobierno brasileño.


[1] Resultados de PISA, programa internacional de evaluación de alumnos, divulgados por la OCDE.
[2] www.enem.inep.gov.br

4 de febrero de 2008

São Paulo 454

por Charo García de los Ríos
La ciudad más populosa del hemisferio Sur, São Paulo, ha cumplido 454 años este 25 de Enero. Las celebraciones de su aniversario se han desarrollado entre esperanzadoras noticias en el ámbito económico y grandes desafíos en el área social. Esta ocasión presenta una excusa perfecta para reflexionar sobre la situación actual de esta mega ciudad, sus problemas pero también atractivos.

São Paulo es la ciudad más poblada de América Latina, con una población estimada de casi 11 millones de habitantes repartidos por 1542 km2 de calles más o menos asfaltadas. Representa, casi desde su fundación, la eterna dualidad latinoamericana, juntando en sus barrios el progreso más avanzado del primer mundo con las carencias más radicales del tercero. Avenidas arboladas de lujosas tiendas y carísimos apartamentos se alternan con barrios de favelas donde las calzadas no están asfaltadas.

Para entender la ciudad parece conveniente hacer un breve repaso a su historia y así comprender como este pequeño poblado se ha convertido en una de las ciudades más influyentes de Brasil.

La ciudad de São Paulo surge en el año 1554 como un conjunto de casas construidas alrededor de un colegio jesuita. Este colegio, fundado en honor a San Pablo, fue levantado dentro del proceso de exploración y ocupación de las tierras americanas que colonizadores portugueses llevaran a cabo a partir del siglo XVI. El lugar para su construcción fue escogido por ser una fortaleza natural y por estar rodeado de ríos. Este asentamiento inicial se mantuvo como un poblado insignificante durante toda la época de la América portuguesa, causado fundamentalmente por su aislamiento físico, alejado de la costa y con un único acceso abrupto a través de la sierra que separa el litoral del interior. Pero también influyeron factores tales como la falta de productos de exportación atractivos para Portugal, como metales preciosos, o la existencia de un suelo poco apto para el cultivo. Y es así como, hasta la independencia de Portugal, se mantuvo solamente como un cuartel general para los “bandeirantes” desde donde partían en expediciones organizadas para apresar indígenas y buscar metales preciosos en el interior y hacia el norte de Brasil.

En el comienzo del siglo XIX, con la independencia de Brasil (cuyo símbolo más representativo, el Grito de Ipiranga, ocurrió en São Paulo) la ciudad se confirma como capital provincial y sede de una Academia de Derecho, lo que la convierte en centro intelectual y político. Con la expansión de los cafetales en varias regiones del estado la ciudad se convirtió además en un importante centro económico y foco de inmigraciones europeas (de 1895 a 1900, la ciudad pasó de tener 130 mil habitantes a 240 mil). La construcción del ferrocarril hacia el puerto de Santos para el transporte del café quebró su tradicional aislamiento geográfico. A partir de la primera Guerra Mundial y durante la década de los años 20 se acelera el crecimiento de la población, pero la crisis del café y la industrialización agudizan la radicalización entre la élite y la clase trabajadora. Durante los años 50 comienza el proceso de descentralización del parque industrial hacia otros municipios de la región metropolitana y hacia el interior del estado. En especial para atender los intereses de la industria automovilística. De forma simultanea a estos procesos, la ciudad crece de forma desordenada hacia la periferia. Este proceso se incluye dentro de la tercerización del municipio, acentuada a partir de la década de los 70, donde las principales actividades económicas de la ciudad están ligadas a la prestación de servicios y a los centros empresariales de comercio.

Todos estos procesos, junto a la continua llegada de inmigrantes de estados más pobres, especialmente del nordeste de Brasil, ocasionaron un deterioro sensible de las condiciones materiales de vida de su población. Como resultado, la década de los 80 y 90 se caracterizó por el aumento de la pobreza y de la concentración de renta, los problemas de vivienda e infraestructura, pero sobre todo por la precarización de progresiva de las condiciones de inserción económica de la población. Como resultado, a finales del siglo XX la población proveniente de otros estados se ve, en su mayoría, abocada a los segmentos más periféricos y a los trabajos más precarios sin perspectivas de inserción en áreas económicas mas dinámicas, en las que existe alguna proctección social. Desde comienzo del siglo XX, São Paulo ha sido uno de los principales, sino el principal, centro económico del país.

Los ciudadanos que conviven dentro de este centro empresarial y económico, se enfrentan diariamente a desafíos generalizados que a lo largo de los años e incluso décadas se han convertido en parte de su rutina. Entre ellos destacan relacionados con el transporte, la contaminación, la criminalidad y la pobreza.

En el área de transporte, destacan los grandes atascos y la baja calidad de sus infraestructuras. Una metrópoli del tamaño de São Paulo, con 24.466.000 de viajes motorizados diarios utilizando el sistema viario y 5,5 millones de automóviles circulando, requiere de acciones de mantenimiento más generalizadas y frecuentes, evitando el grave deterioro del pavimento. De forma adicional, son necesarios proyectos de infraestructura que proporcionen alternativas para el tráfico de camiones de gran envergadura que atraviesan diariamente la ciudad, al no existir una circunvalación de la ciudad. Este tráfico diario, además de incrementar considerablemente el nivel de los atascos, produce un mayor deterioro en el pavimento. Pero no es la única causa de su deterioro, pues se trata de vías urbanas con asfalto de baja calidad, lo que representa un coste adicional para la población y para las empresas, pues no solamente ralentiza los tiempos de desplazamiento como también son responsables de accidentes y desperfectos en los vehículos. El problema del transporte en la ciudad de Sao Paulo no es simplemente un problema metropolitano, pues su estructura vial desempeña un importante papel en la economía brasileña al ser el nudo entre las regiones del Noroeste y Sur del país, distribuyendo el tráfico de mercancías desde y para el puerto de Santos. Del total de tráfico de carga que atraviesa la ciudad diariamente, unos 200.000 vehículos en total, un 40% se define como "en transito".

También el área de transportes, más concretamente en relación al transporte público, los 117 trenes del metro abarcando 61 Km. de extensión, junto a una flota de quince mil autobuses [1] resulta insuficiente para la población siendo necesaria su ampliación, pues los tiempos medios de viaje son mayores para el transporte público en relación a los vehículos privados. En una ciudad donde cada vez existe un mayor número de vehículos particulares, se necesita de un transporte público competitivo, tanto en tiempo medio de viaje como en cobertura.

Debido a la cantidad de vehículos que circulan por la ciudad y a la existencia de industrias aún implantadas en la región metropolitana, la contaminación del aire es elevada. Se calcula que las pérdidas generadas por la contaminación de la ciudad se elevan a 3.2 millones de dólares anuales, ya sea por gastos hospitalarios, mortalidad o enfermedades relacionadas o días de trabajo perdidos [2]. Si bien sus características climáticas de fuertes temporales y lluvias abundantes evitan que la calidad de aire, aunque baja, descienda hasta niveles críticos o pésimos. No ocurre lo mismo con las aguas de los tres ríos que atraviesan la ciudad, altamente contaminados por residuos domésticos e industriales.

Además de los retos en el área de los transportes y niveles de contaminación, la ciudad se enfrenta a desafíos en relación a los índices de criminalidad y violencia que continúan elevados a pesar de haber decrecido durante al año 2007, especialmente en las precarias y numerosas periferias donde se concentran los indicadores más preocupantes [3]. De acuerdo a los últimos datos estadísticos revelados, la ciudad de São Paulo disfruta de menores niveles de violencia, en lo que a muertes violentas se refiere [4], gracias a las políticas públicas de desarme y a la reacción de la sociedad civil. Sin embargo, este descenso de homicidios y asesinatos no ha producido una mayor sensación de seguridad en la población metropolitana dado el incremento de crímenes contra el patrimonio.

Aproximadamente el 13.3% de la población de São Paulo vive en condiciones pobres, lo que supone que sobreviven con una renta mensual inferior a 180 dólares [5], mientras que el PIB de la ciudad es el segundo mayor de una ciudad latinoamericana (76 millones de dólares en 2005), después de la Ciudad de México. Su presupuesto es el tercero mayor del país, solamente adelantado por el presupuesto del gobierno federal y del propio Estado de São Paulo. Esta dualidad permite que una de sus calles esté entre una de las 8 más lujosas del mundo [6], conviviendo con favelas de casas hechas de poco más que cartón. Como resultado de esta situación, donde una élite acapara la mayor parte de la renta disponible [7], los indicadores demográficos de la calidad de vida, como son salud, enseñanza e infraestructura sanitaria, son bajos en lo que se refiere a servicios accesibles para todos los ciudadanos. Mientras que el sector privado desarrolla para las minorías de alto poder adquisitivo hospitales, escuelas y servicios que superan todos los ratios del primer mundo.

Con una tasa de alfabetización del 95,4% [8], São Paulo, en lo que cobertura educativa se refiere, se sitúa próxima a países como Estados Unidos y por encima de la media Latinoamérica del 90.8%. Sin embargo presenta una realidad bien diferente en relación con la calidad de la enseñanza, tal y como se manifestó en el ultimo informe PISA [9], donde Brasil aparece entre los últimos colocados y el estado de São Paulo, el estado más rico de la nación, con una media inferior a la brasileña. Si educar es dar oportunidades, los jóvenes paulistanos de baja renta se encuentran en una situación cuando menos desalentadora. Un trabajador con cerca de ocho años de escolaridad no tiene autonomía para buscar informaciones, para recibir instrucciones complejas o para producir comunicaciones escritas de cierta complejidad. No es capaz de aprender por cuenta propia y los trabajos que le son accesibles se limitan empresas pequeñas o microempresas donde el bajo nivel educativo de los propietarios y empleados les aísla aún más de la información y de los buenos hábitos de trabajo. Mejorar la educación es tanto un imperativo económico como social, por un lado las empresas necesitan de trabajadores más cualificados, y por otro lado, el nivel educativo es el eje de la movilidad social, la única herramienta posible para prosperar.

Las opciones culturales en Sao Paulo son innumerables y atienden a todos los gustos y bolsillos. Desde exposiciones y espectáculos al aire libre, hasta museos y teatros, la ciudad acoge durante todo el año las mas diversas programaciones culturales, orquestas, óperas, ballet y eventos periódicos como la bienal Internacional de Artes plásticas, la Bienal del Libro o la Muestra Internacional de cine. Sin embargo sus ratios por habitante no están a la altura de ciudades globales, Tomando como ejemplo los museos, una ciudad menor como es el caso de Berlín, con 3.4 millones de habitantes, posee 150 museos frente a los 71 museos que comparten en São Paulo casi 11 millones. Adicionalmente, dada la complicada estructura urbana, que segrega a la población menos favorecida a las periferias alejadas del Centro de São Paulo, y la ya comentada ineficiencia del transporte público, las muestras culturales están, en la realidad, restringidas para la población de más alta renta.

Como resumen, es interesante señalar que la ciudad de São Paulo se enfrenta a desafíos que abarcan diferentes áreas, pero destacan sobre todo aquellos relacionados con el transporte, la contaminación la criminalidad y la pobreza. Estos retos conviven con atractivos en relación a su oferta comercial, cultural y gastronómica, aunque especialmente ofrece los mayores atractivos para aquellas minorías con un elevado poder adquisitivo. En relación a estos problemas, soluciones coyunturales o esporádicas ayudan temporalmente a paliar determinados efectos de estos graves problemas, pero solamente soluciones de inversión a largo plazo en infraestructura y educación pueden solucionar las causas que los originaron.


[1] SP Trans
[2] Laboratório de Poluição Atmosférica Experimental da Faculdade de Medicina da USP
[3] The Economist, Abril 2007, "No end of violence".
[4] Mapa da violência dos municipios, Rede de Informação Tecnolôgica Latino-Americana
[5] IBGE, Fundação SEADE
[6] Mistery Shopping International, 2006
[7] IBGE; Fundação Seade
[8] Conferencia de la Casa Blanca sobre alfabetización mundial, 2007Instituto de estadísticas de UNESCO, informe de alfabetización regional 1985 - 2005
[9] PISA (Programa de Avaliação Internacional de Estudantes) de 2007

12 de diciembre de 2007

Paz, amor y compras. La nueva clase media en Brasil.

por Charo García de los Ríos
Ahora que entramos de lleno en la campaña de Navidad, la maquinaria del consumo se encuentra a pleno rendimiento para recibir a los consumidores, la nueva clase media emergente en Brasil. Tipos de interés más bajos y mayores plazos de crédito son los principales reclamos, que se mezclan con los anuncios de panettones y juguetes. Aunque este nuevo grupo social se comporta en sus hábitos de consumo como la típica clase media, surgen dudas razonables para caracterizarlos bajo esta etiqueta, pues su nivel educativo no se ajusta a los niveles esperados para una clase media.

Mientras que definir pobreza o riqueza es relativamente sencillo, la expresión clase media es un término subjetivo para el que los sociólogos no consiguen unificar criterios[1]. De forma general y común, este término se aplica a aquella clase socioeconómica que ocupa un lugar intermedio entre las condiciones más extremas de privación y las de opulencia. De acuerdo a Criterio Brasil[2], la metodología adoptada por la Asociación Nacional de Empresas de Investigación para estratificar la población del país, ésta se divide en las clases A, B, C, D y E. Esta segmentación se realiza de acuerdo a un sistema de puntuación que caracteriza la propiedad o acceso al uso de determinados bienes y servicios (desde TV a cuarto de baño propio, o servicio doméstico), a la vez que el nivel de formación del cabeza de familia, sin distinción por género o edad. De acuerdo a esta metodología la clase media, esto es la clase socioeconómica que ocupa el lugar intermedio, sería el conjunto de las clases B, C y D. Siendo B la clase media alta, C la clase media y la D, la clase media baja. El grupo mayoritario en Brasil (36%) es la clase C mientras que el 65% del total de la población se sitúa en entre las clases C y D. La clase D representada en la base de la pirámide, es la que por primera vez está acumulando bienes de consumo duraderos, como televisores, radios, automóviles, DVDs y refrigeradores, antes reservados para las clases más privilegiadas. Es lo que los medios de comunicación están identificando como la nueva clase media.

De acuerdo a la nota divulgada el pasado 27 de noviembre por el Banco Central[3], la mayoría de las tasas de intereses de crédito personal están en el menor nivel de la serie histórica iniciada en 1994. Crecimiento rápido, bajos niveles de inflación, desarrollo de las operaciones de crédito y liberalización en el comercio están fomentado el desarrollo del consumo en las clases tradicionalmente menos favorecidas. Fenómeno que ocurre también en otros países de América Latina que comparten con Brasil estabilidad económica y reciente impulso al desarrollo.

Regiones históricamente identificadas como áreas de pobreza en los suburbios de grandes ciudades como São Paulo están abandonando la pobreza gracias a una incipiente prosperidad. Y tal y como ocurría con la clase media europea, y sobretodo norteamericana, en la década de los 50 y 60, la emergente clase media dirige sus nuevas ganancias al consumo. Algo que, hasta hace pocos años, sólo una pequeña parte de la sociedad podía alcanzar. La mayor parte de sus ingresos proviene de pequeños negocios y de un incremento del nivel de empleo formal en la industria[4] y en servicio doméstico[5]. Adicionalmente, también estas familias cuentan con un aporte periódico del Estado en forma de subsidios familiares sujetos a la permanencia de los niños en la escuela y al mantenimiento de revisiones periódicas de salud. Como resultado los ingresos totales de las familias más pobres están creciendo más rápido que la media.

La parte de los gastos por suministros también beneficia el aumento del poder adquisitivo. Como resultado de ser una clase social originada en lo que se puede identificar como marginalidad, la mayoría de las viviendas son asentamientos irregulares, generados en los llamados "loteamientos clandestinos" que no son otra cosa que emprendimientos realizados al margen de la legislación. Así se abren calles, se demarcan parcelas sin ningún control por parte del poder público. Las viviendas ahí construidas, sin la planificación necesaria y carentes de todo tipo de infraestructuras, son vendidas a terceras personas que conforman esta clase D. Como son viviendas que no están registradas, no contribuyen al erario público. Adicionalmente, y por la causa misma de su precariedad, tienen conexiones clandestinas a los suministros de energía eléctrica y agua. Sin entrar en las consecuencias obvias de este tipo de viviendas para la comunidad y para sus moradores, está situación favorece un incremento de ingresos de las familias por el ahorro en suministros y tasas municipales. [6]

Sin embargo, la otra variable indicativa de la clase media, el nivel educativo del cabeza de familia, no está creciendo a niveles similares al consumo. Estos nuevos barrios construidos al margen del poder público no poseen facilidades para el acceso de autobuses, ambulancias, patrullas o camiones de basura. De igual modo, carecen de espacios públicos para poder desarrollar centros de salud, educación, ocio o seguridad. Esta precariedad unida al bajo nivel de inversión en educación amenaza los logros de estas comunidades y su desarrollo futuro. El crecimiento futuro de Brasil, como de cualquier país, depende de su capacidad para invertir en capital humano y explorar el espíritu emprendedor que de sus ciudadanos. Es gracias a la educación que un país crece. La formación fomenta no sólo el aumento de la renta sino también de la calidad de vida de sus habitantes. El estudio realizado en 2007 por la OCDE concluye que Brasil invierte poco y mal en educación. [7] De 36 países analizados, Brasil quedó el último de la lista. En variables como el gasto anual por estudiante, Brasil invierte una décima parte que los Estados Unidos y menos del 50% que Chile. Solamente en niveles de educación superior Brasil consigue alcanzar puesto similar a países como España o Irlanda. Sin embargo las universidades brasileñas continúan siendo de difícil acceso para las clases menos favorecidas, donde los estudiantes de escuela pública son una minoría. Las razones que se apuntan son tanto la falta de nivel y exigencia en las escuelas públicas en áreas tales como la enseñanza de lenguas extranjeras (el inglés es prueba obligatoria en varias universidades públicas), como también la auto exclusión por parte de los propios alumnos que no se sienten capaces de superar las pruebas de ingreso o de afrontar el coste económico de las mismas.[8]

Si, por un lado, el crédito sin restricciones está empujando las familias al endeudamiento, y por otro lado, en la medida en que sus condiciones materiales mejoran, los parámetros generales de la calidad de vida no lo hacen, el futuro de esta clase media está seriamente comprometido. Se hace por tanto más que necesario reforzar la inversión en educación, tanto en la construcción y mejora de infraestructuras como en la calidad de la misma.


[1] En su mayor parte las definiciones sociológicas para "clase media" se apoyan o bien en el marco teórico de Max Weber, focalizado en la interacción de las variables de riqueza, poder y prestigio, o bien en las ideas Karl Marx, que integra las tres variables en un modelo funcional de la estructura social.
[2] ABEP - Associação Brasileira de Empresas de Pesquisa – 2003 Datos con base en el documento Levantamento Sócio Econômico – 2000 - IBOPE
[3] BANCO CENTRAL DO BRASIL, "Política Monetária e Operações de Crédito do Sistema Financeiro", nota para a impresa, 27 nov. 2007
[4] INSTITUTO BRASILEIRO DE GEOGRAFIA E ESTATISTICA, Pesquisa Industrial Mensal de Empregos e Salários, set. 2007
[5] SEADE, Fundação Sistema Estadual de Analise de Dados, Secretaria de economia e planejamento do Estado de São Paulo
[6] PINTO, Victor Carvalho. Ocupação irregular do solo urbano: o papel da legislação federal. Jus Navigandi, Teresina, ano 10, n. 1149, 24 ago. 2006.
[7] OCDE (Organização para a Cooperação e o Desenvolvimento Econômico), “Olhares sobre a Educação 2007”, octubre 2007.
[8] Pesquisa feita pela pró-reitoria de graduação da USP (Universidade de São Paulo), 2004.

24 de septiembre de 2007

RSE y las alianzas público-privadas para el ¿desarrollo?

Por Horacio Barrancos Bellot
Hablar de temas empresariales en un espacio dedicado exclusivamente a los asuntos público-gubernamentales, podría quedar no muy bien ubicado. Pero en realidad, el hacerlo obedece a dos razones: Primero, toda actividad empresarial tiene un impacto de carácter público, que muchas veces no está incluido o que se presenta como algo desvinculado de su finalidad privada; y segundo, la preocupación empresarial sobre sus impactos públicos es mérito del activismo de la sociedad civil organizada, la cual empezó a actuar debido a la insuficiente protección del sector público (entendido éste como la suma de los poderes del Estado). Casi paradójicamente, resulta “significativo” que hoy el sector empresarial busque alianzas con sectores públicos para desarrollar actividades de Responsabilidad Social Empresarial (RSE).

El tema surge a propósito de un destacado evento que tuvo lugar los pasados 20 y 21 de septiembre en Madrid. Me refiero a la “II Conferencia España-Iberoamérica de Responsabilidad Social de las Empresas: Alianzas Público-Privadas para el Desarrollo”, organizada por la Fundación Carolina. Como ya es habitual, se trató de una reunión importante, con gran convocatoria y con un grupo de conferencistas de muy alto nivel que incluyó a un ex Presidente (Costa Rica), al Vicepresidente Segundo de España y a directivos de empresas como Oxfam, Repsol-Ypf, Iberdrola, Shell, Pnud y Bid, para citar sólo a unos cuantos. Todo bien salvo por tres cosas que llaman mi atención: 1) La perenne insistencia española de utilizar el término Iberoamérica, detalle que entra en una cuestión más allá de la semántica; 2) Entre casi 30 panelistas participantes de una conferencia España-Iberoamérica, solo dos fueron latinoamericanos, y por supuesto no hubo ni un solo representante de algún sector público latinoamericano; y 3) el punto focal –evidentemente- estuvo en las estrategias para hacer RSE de la mano del sector público, y no en las acciones y/o en los receptores de los programas de RSE.

Es verdad que entre el sector público y el privado existe un área gris cada vez más grande, en el cuál hay un amplio margen de acción para quienes no son puramente públicos ni puramente privados; esa área es el “tercer sector”. Sin embargo, el debate sobre la intervención en esa área no puede dejar de lado al sector público, de la misma forma como la agenda en el "tercer sector" no debe ser administrada por organismos internacionales, ni mucho menos por empresas privadas u ONGs. No estaría mal preguntar a los beneficiarios de los programas del “tercer sector” sobre sus necesidades y prioridades. Aquello es una cuestión de sentido común, que no termina de cuajar en todo el “tercer sector”. Por ello es que ese evento -y su enfoque- a mi me suena algo incongruente. Pero esa incongruencia es parte de las incongruencias que inexorablemente han caracterizado las acciones en el “tercer sector”, como por ejemplo el perfil no lucrativo de los programas de RSE.

De cara a la sociedad, el discurso político de los países más desarrollados sostiene que los programas de cooperación de su sector privado desempeñan un loable papel en el desarrollo de los países pobres. Sin embargo, Responsabilidad Social Empresarial (RSE) es la contribución activa y voluntaria de las empresas al mejoramiento social, económico y ambiental con el objetivo de mejorar su situación competitiva y su valor agregado. La RSE es una actividad estratégica en la competencia comercial, por tanto siempre tiene un interés lucrativo.

12 de septiembre de 2007

El futuro de América latina: entre el “chavismo” y la democracia

por Vanni Pettinà
Uno de los datos más interesante de los últimos años, dentro del panorama social y económico latinoamericano, está representado por la buena performance de la economía a nivel continental. En primer lugar, se registra un crecimiento medio ciertamente sostenido que, en los últimos años, se ha colocado entre el 4% y el 6%. Las cifras relativas a la inflación son igualmente positivas ya que, después de las fuertes oscilaciones registradas en la crisis de los años 80, se han alcanzado en los últimos años niveles bajos, como evidencia la gráfica (The Economist”, Adiós to poverty, hola to consumption, 16 de agosto 2007).

En países como Chile, Brasil y México estas altas tasas de crecimiento, acompañadas por las bajas tasas de inflación, se han traducido en un interesante aumento de la que podríamos definir como una nueva clase media latinoamericana. La definimos como una nueva clase media porque como han afirmado diferentes especialistas, como el sociólogo y ex presidente Fernando Henrique Cardoso, parece presentar diferencias importantes con aquellas capas medias que, a grandes rasgos, caracterizaron el panorama continental entre los años 30 y el final de los años 70. El dato que mejor señala esta distancia es probablemente el hecho de que la actual clase media parece más vinculada al sector privado que al público. En la etapa anterior, había sido el estado el que, principalmente a raíz de sus políticas de industrialización por substitución de importaciones, había dado lugar a una clase media artificial, integrada por managers, burócratas y funcionarios públicos, sucesivamente barridos por las políticas ultra-liberales de los años 90. En la actualidad, sin embargo, nos encontraríamos frente a un sector donde la presencia de actividades en su mayoría vinculadas al mercado, pequeños productores y comerciantes, parece ser más consistente que en el pasado. Digamos que el cuadro actual presenta una síntesis más equilibrada entre un sector medio estatal, regularmente presente en la mayoría de los países desarrollados, y un sector medio privado que, de alguna manera, señala una integración positiva del continente en la economía mundial. Finalmente, la emergencia de esta clase media refleja la inversión del proceso de pauperización tan típico de los años 80 y 90.

Evidentemente, aunque no se pueda hablar de una definitiva estabilización de las economías latinoamericanas, ni de una redistribución de la riqueza todavía aceptable, los datos sobre la emergencia del sector medio definen un escenario social mucho más positivo que en el pasado. Por ejemplo, En Chile, México y Brasil, si bien quedan asuntos pendientes, como la reforma del sistema fiscal progresivo, la pobreza parece reducirse. En Chile, país donde se da la evolución socio-económica comentada, el coeficiente de GINI se ha reducido desde 0,554 en 1990 a 0,550 en 2003. México, por su parte, en términos de desigualdad, el índice de GINI ha pasado desde 0,536 a 0,528 (Panorama Social De América Latina, CEPAL http://www.eclac.org/publicaciones/xml/0/27480/PSE_2006.pdf).

14 de agosto de 2007

El negocio de los energéticos, sus cifras y las estrategias políticas

por Horacio Barrancos Bellot
El precio y las inmensas reservas de petróleo y de gas natural existentes en América del Sur, la emergencia de un importante mercado para biocombustibles, las multimillonarias cifras en inversión y comercialización de estos productos y las estrategias políticas de Chávez, Lula, Evo y Kirchner han acaparado el escenario internacional de las últimas semanas.

Y es que el negocio de los energéticos en esa región del continente americano tiene dos frentes poderosos, donde los intereses políticos son tan importantes (o más) que los intereses económicos. Un frente está representado por los países asociados en torno al negocio del petróleo y el gas natural (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Uruguay y Venezuela). El otro, aun emergente, se muestra como la alternativa energética y ya tiene muchos detractores; me refiero a los biocombustibles y el principal referente es Brasil.

En ese primer frente -como es evidente para todos- se hace más visible el gobierno de Venezuela, quien financiado por el elevado precio del petróleo y afianzado en su legitimidad política local, lleva ya iniciada desde hace algún tiempo una agresiva estrategia política para lograr sitios de privilegio en la región. Bien sea como socio estratégico, comprando títulos públicos en otros países, donando recursos, brindando ayuda en materia social o llevando a límites inéditos el discurso anti Estados Unidos, Chávez no solo está haciendo buenos negocios, sino que también está diversificando los escenarios en los que su presencia en América Latina se ha tornado relevante.

Un poco en el centro de todo aparece Bolivia, no como el actor relevante, pero sí como el país en donde inevitablemente convergen muchos intereses. Las cuantiosas reservas de gas natural existentes en el sur boliviano y su posición geográfica han convertido a ese país en un proveedor natural de gas para Argentina, Chile y Brasil. Si bien el negocio del gas boliviano a gran escala no termina de despegar, en los últimos 10 años ha atraído los intereses de grandes empresas transnacionales (Repsol, Total, Petrobrás, Pdvesa, Ypfb, entre otros) y se viven ya complejos e intensos ciclos de negociaciones bi y multilaterales entre los gobiernos de la región.

14 de junio de 2007

Brasil y México, los países con mayor pobreza en América Latina

por Horacio Barrancos Bellot
El porcentaje de la población mundial que vive sumida en la pobrez ha disminuido notablemente en las últimas décadas. Sin embargo, mientras el total de la población del mundo aumenta, el número absoluto de pobres se ha mantenido casi fijo en 1.200 millones. Una pregunta que surge inmediatamente es ¿dónde viven o quienes son esos pobres?

Las estadísticas oficiales nos han acostumbrado a identificar una serie de países como los más pobres y otros como los más ricos. En Latinoamérica -determinado por el PIB per cápita o la proporción de la población que vive en condiciones de pobreza- tenemos entre los más pobres a Haití, Honduras, Nicaragua, Bolivia y Paraguay; por otro lado, México, Brasil o Chile se erigen como las principales potencias económicas regionales. Estos datos reflejan, sin lugar a dudas, una cara de la realidad sustentada en datos agregados que suelen ocultar matices importantes. Para ilustrar este punto basta con presentar la misma información enmarcada de forma distinta; así por ejemplo: una cosa es decir que México es un País OCDE o que el PIB brasilero es de los más grandes del mundo y otra cosa es decir que la mayor cantidad de pobres en América Latina son mexicanos y brasileros; distinto es señalar a Haití y Guatemala como los países con las tasas más altas de mortalidad infantil, en lugar de identificar que la mayoría de los niños que mueren en América Latina son brasileros y mexicanos; finalmente, no es lo mismo decir que el 54% de la población haitiana y el 45% de la población nicaragüense vive con menos de 1$us al día, que decir el 40% de la población latinoamericana en extrema pobreza (menos de 1$us al día) vive en Brasil y en México. La siguiente tabla contiene datos oficiales (BM y NNUU) que ilustran las ideas anteriores, con la particularidad de estar presentados en una forma que no solemos ver:

Un indicador socioeconómico usado frecuentemente para clasificar a los más pobres, es el de población que vive con menos de 1$us al día. De acuerdo a los datos arriba presentados, Brasil, México y Haití tienen la mayor cantidad de población en extrema pobreza de América Latina. En Brasil viven casi 15 millones de personas con menos de 1 $us al día y en México más de 5 millones viven en igual condición. Esta cantidad de personas juntas (24.9 millones) equivalen a agregar el total de la población de Costa Rica, Jamaica, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Uruguay y Trinidad y Tobago. En materia social, Haití, Guatemala y Venezuela tienen la mayor población sin educación primaria completada. Brasil, México y Haití representan el 60% de la mortalidad infantil latino americana; esto significa que más de 1 millón de niños menores de 5 años mueren anualmente en estos países. Brasil (33%), Haití (10%) y México (10%) representan el 53% de la población latino americana portadora del VIH. En Brasil, Perú, Venezuela, Haití, Colombia y México viven más de 38 millones de personas sin acceso a agua potable. Finalmente, en Colombia, en México y en Venezuela se cometen la mayor cantidad de homicidios en América Latina, aproximadamente en estos países 50 mil personas son asesinadas cada año (NNUU).


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